El agua y el aceite son inmiscibles, imposibles de mezclar, por su propia naturaleza, uno de los dos, el de menor densidad, siempre quedará arriba.
A Starmer y Trump les pasa lo mismo, por mucho que el bueno de Sir Keir se empeñe en referirse a él como Donald, esta diferencia de consistencias es insalvable.
Ante esto, Starmer debió de pensar que las situaciones complejas requieren, incluso para los tipos más prudentes, decisiones arriesgadas. Solo así se podría entender cómo ha terminado Keir envuelto en el barullo de Epstein, los bajos fondos de Mandelson y la tediosa Whitehall y sus protocolos centenarios.
La relación entre US y UK no es una relación bilateral más. Hay pocas comparables en el mundo. Es un vínculo histórico que ambos países han trabajado y cultivado desde su consolidación en los momentos más oscuros de la segunda guerra mundial.
Mantener, al menos las apariencias, era una obsesiva prioridad de Starmer y recurrió a dos aliados arriesgados, pero potencialmente muy efectivos para conseguirlo, Peter Mandelson y el rey de Inglaterra.
Peter Mandelson, el corta fuegos de Starmer.
Starmer no se podría permitir poner en US un embajador que pudiera encajar fácilmente en su equipo de Gobierno, sería básicamente agua. La hipérbole naranja se lo terminaría merendando al mínimo contacto como quien engulle una cheese burger.
Hacía falta alguien más viscoso, con menos consistencia, más sibilino, un príncipe de las tinieblas que pudiera susurrar al oído de Donald cosas que Starmer jamás se atrevería ni siquiera a pensar.
En ese entorno brumoso encajaba a la perfección Lord Peter Mandelson, conocido por su tendencia a la manipulación y sus habilidades para ejercer el poder en la sombra.
Sería su corta fuegos en Washington, el encargado de apaciguar la verborrea de Trump, de allanar el camino de las visitas oficiales, de encarrilar los acuerdos, de…bueno, de lo que sea necesario con tal de aparentar buenas relaciones.
El plan, aunque arriesgado, podría haber funcionado, si no fuera porque los tipejos viscosos como Mandelson siempre están más pringados de lo que confiesan.
Pero la idea, hay que reconocer que tenía fundamentos y podría considerarse hasta necesaria, si obviamos que Mandelson había mentido en lo relativo a sus relaciones con Epstein, y que podría haber cometido supuestamente delitos graves de alta traición al país, entre otras cosas, en el fondo, no parecía descabellada.
A Trump le diría todo lo que quería oír, a Starmer le ocultaría todo lo que temía saber, y tan felices.
Mandelson convertiría las visitas de Starmer a la Casa Blanca en poco menos que una despedida de soltero posh: chistes, chascarrillos superficiales, protocolo de trampantojo y una fachada endeble e insostenible de cooperación institucional que solo funciona si se mira desde un ángulo muy preciso, como pasa con el frontal del tren de la bruja que recorre los pueblos en fiestas.
Keir les sonreiría con ojos aterrados, intentando no hacer mucho ruido y regresar cuanto antes a UK blandiendo un papelito endeble de relación especial, amistad y complicidad duradera entre los dos mandatarios.
Pero no fue en Washington sino en London donde saltaría la chispa y la decisión arriesgada terminó siendo casi kamikaze, y a juzgar por las consecuencias políticas que está teniendo, incluso suicida.
Pero, ¿y el rey, el de Inglaterra, qué pinta en todo esto?
Carlos III era la segunda gran baza de Starmer y la única que aún le queda.
En la mentalidad infantiloide y megalómana de Trump existe una confesa fascinación por la familia real británica y muy especialmente por la figura del rey Carlos de Inglaterra, “the one who cuts the cod” en el mundillo mágico de reyes y castillos sobre los que Trump fantasea y anhela pertenecer.
Esto quedó comprobado de manera patente en la visita de Starmer a la Casa Blanca y la rueda de prensa, el momento más odiado por estadistas de todo el mundo. Para calmar la impredecible impetuosidad de Donald, se sacó de la manga nada menos que una carta personal del mismísimo rey de Inglaterra, invitando personalmente a Trump y señora a una segunda visita oficial a sus reales aposentos, hecho sin precedentes históricos hasta la fecha.
Y funcionó, vaya si funcionó. Trump cogió la carta, giró levemente la cabeza, inspiró con solemnidad, y se sintió, si cabe, aún más extraordinario, olvidándose durante el resto de la entrevista que Sir Keir está formado en su mayoría de agua y que en sus interacciones, el más viscoso siempre ha de quedar por encima del otro.
Ahora que el fuego se ha saltado la barrera de Mandelson y tiene ardiendo el 10 de Downing Street, Keir utiliza de nuevo la carta del rey para enviarlo de viaje oficial a la Casa Blanca, con la esperanza de que su majestuosidad deslumbre a Donald y ganar tiempo para apaciguar las llamas de una embajada de las tinieblas que podría costarle la legislatura.
Crédito Imágenes:
Imagen: Prime Minister Keir Starmer camina con Peter Mandelson en la Embajada Británica en Washington D.C., durante una mesa redonda empresarial, 26 de febrero de 2025. Foto por Simon Dawson / No 10 Downing Street. Contains public sector information licensed under the Open Government Licence v3.0. https://w.wiki/Hgoc
Prime Minister Keir Starmer hosts a business roundtable by Number 10, Creative Commons license:
Attribution-NonCommercial-NoDerivs 2.0 Generic Wikimedia Commons https://w.wiki/M7s8
Foto: Peter Mandelson, 7 de diciembre de 2004. © European Communities / Christian Lambiotte (CC BY 4.0) — vía Wikimedia Commons. https://w.wiki/HyWB
Imagen: El presidente Donald Trump participa en una ceremonia de presentación de cartas credenciales con embajadores en la Oficina Oval, 11 de junio de 2025. Foto de Daniel Torok publicada por UKinUSA bajo licencia Creative Commons Attribution-ShareAlike 2.0 Generic (CC BY-SA 2.0). Fuente: Wikimedia Commons. https://w.wiki/Hgoe
Imagen: El primer ministro británico Keir Starmer y el presidente estadounidense Donald Trump durante la firma de un acuerdo tecnológico en el marco de la visita de estado al Reino Unido en 2025. Foto tomada por Number 10 (oficina del Primer Ministro del Reino Unido), con licencia bajo Open Government Licence v3.0. https://w.wiki/JBSv
Donald Trump motorcades with United Kingdom Prime Minister Keir Starmer en route to Glasgow Prestwick Airport, Scotland on Monday, July 28, 2025 (cropped)
Licencia: Dominio público en los Estados Unidos (Public Domain)
Autor / Fuente: The White House (fotografía oficial del Gobierno de EE.UU.) https://w.wiki/J7SW
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