¿Por qué Reino Unido libera presos antes de cumplir su condena? El plan que pone a prueba al Gobierno de Andy Burnham

Reino Unido tiene un plan de liberación anticipada de presos para evitar el colapso del sistema penitenciario.
El Primer Minstro Andy Burnham y el Presidente de Ucrania Zelenskyy El Primer Minstro Andy Burnham y el Presidente de Ucrania Zelenskyy

Durante las últimas semanas, el plan de liberación anticipada de presos del Reino Unido se ha convertido en uno de los asuntos políticos más delicados para el nuevo primer ministro, Andy Burnham. Lo que inicialmente parecía una reforma técnica del sistema penitenciario ha terminado abriendo un intenso debate sobre el equilibrio entre seguridad pública, derechos de las víctimas y sostenibilidad del sistema judicial británico.

La controversia no gira únicamente en torno a la excarcelación de miles de reclusos antes de cumplir íntegramente sus condenas. También plantea una pregunta mucho más profunda: ¿cómo ha llegado una de las democracias más consolidadas del mundo a una situación en la que liberar presos antes de tiempo se considera la única alternativa para evitar el colapso del sistema penitenciario?

Para comprender la situación actual es necesario retroceder varios años. Aunque las decisiones anunciadas por el Gobierno de Burnham han ocupado los titulares, el origen del problema es muy anterior y hunde sus raíces en décadas de crecimiento de la población reclusa, retrasos en la construcción de nuevas prisiones y una política criminal cada vez más orientada a imponer condenas más largas.

Lejos de tratarse de una medida improvisada, el actual sistema es la evolución de una crisis estructural que ya obligó tanto a gobiernos conservadores como laboristas a recurrir en distintas ocasiones a liberaciones extraordinarias para evitar quedarse sin plazas penitenciarias.

Una crisis que el nuevo Gobierno heredó

Cuando el Gobierno laborista llegó al poder en julio de 2024, los informes internos del Ministerio de Justicia advertían de que el sistema penitenciario inglés y galés se encontraba a pocos días de quedarse sin capacidad disponible.

No se trataba únicamente de una cuestión administrativa.

Si las prisiones alcanzaban el límite absoluto de ocupación, la cadena completa del sistema penal podía dejar de funcionar. Sin plazas disponibles, la policía tendría dificultades para detener nuevos delincuentes, los tribunales podrían verse obligados a retrasar condenas y el Estado perdería capacidad para encarcelar a personas condenadas por delitos graves.

Era un escenario sin precedentes para la justicia británica moderna.

Ante esa situación, el Ejecutivo encabezado entonces por Keir Starmer puso en marcha varias medidas de emergencia destinadas exclusivamente a ganar tiempo mientras intentaba aumentar la capacidad del sistema penitenciario.

El actual Gobierno de Andy Burnham sostiene que aquella decisión no figuraba entre sus prioridades políticas iniciales, sino que fue consecuencia directa de una crisis heredada tras años de falta de inversión y planificación.

Boris Johnson con una bandera de Inglaterra

¿Por qué las prisiones británicas están llenas?

La explicación resulta mucho más compleja de lo que suele reflejar el debate político.

A diferencia de la percepción habitual, el problema no responde únicamente a un aumento de la delincuencia.

Diversos estudios citados por organismos especializados muestran que durante las últimas décadas la criminalidad registrada en Inglaterra y Gales ha descendido en numerosos indicadores mientras, paradójicamente, la población penitenciaria ha seguido creciendo hasta alcanzar cifras récord.

La principal explicación reside en varios factores que se han ido acumulando durante años.

Condenas cada vez más largas

Desde la década de 1990, los distintos gobiernos endurecieron progresivamente las penas para numerosos delitos.

Los tribunales comenzaron a imponer condenas significativamente superiores a las de décadas anteriores. En algunos delitos graves, las penas medias aumentaron más de un 25% respecto a comienzos de la década pasada.

La consecuencia es sencilla desde un punto de vista matemático: si los presos permanecen más tiempo en prisión, aunque entren menos personas cada año, el número total de reclusos sigue aumentando.

Diversos expertos en política penitenciaria consideran que durante años existió una competición política por demostrar mayor firmeza frente al crimen mediante el incremento de las condenas, sin que ese endurecimiento fuera acompañado por una ampliación equivalente de la infraestructura penitenciaria.

Más reincorporaciones a prisión

Otro elemento menos conocido ha contribuido también al incremento de la población reclusa.

Cada vez más personas son enviadas nuevamente a prisión por incumplir las condiciones de su libertad condicional.

En muchos casos no se trata de haber cometido un nuevo delito grave, sino de incumplimientos administrativos como faltar a reuniones obligatorias con los servicios de libertad vigilada o quebrantar determinadas condiciones impuestas tras la salida de prisión.

Al mismo tiempo, los propios servicios de probation británicos llevan años alertando de una elevada carga de trabajo y de la falta de personal especializado, dificultando el seguimiento individualizado de miles de personas en libertad condicional.

El problema de fondo: construir una prisión lleva años

Frente a quienes proponen simplemente construir más cárceles, la realidad es bastante más lenta.

Planificar una nueva prisión requiere años de estudios, autorizaciones urbanísticas, financiación pública, licitaciones y construcción.

Además, numerosos proyectos han encontrado oposición local o importantes retrasos administrativos.

Durante los años de gobierno conservador se anunciaron miles de nuevas plazas penitenciarias. Sin embargo, una parte importante quedó neutralizada por el cierre de antiguos centros penitenciarios victorianos que habían quedado obsoletos o presentaban graves problemas estructurales.

Como resultado, el crecimiento real de la capacidad fue muy inferior al previsto inicialmente.

El actual Ejecutivo mantiene el objetivo de construir unas 14.000 nuevas plazas penitenciarias antes de 2031, el mayor programa de expansión del sistema desde la época victoriana.

Sin embargo, incluso si todas esas plazas llegan a completarse dentro del calendario previsto, las propias previsiones oficiales indican que la población reclusa continuará creciendo durante los próximos años.

En otras palabras, construir nuevas cárceles ayuda a aliviar el problema, pero por sí solo no garantiza resolverlo.

Sir Keir Starmer (MP for Holborn and St Pancras and Leader of the Opposition) at Prime Minister's Questions, 7 February 2024.

Nace una solución controvertida

Ante esta situación, el Gobierno impulsó una profunda reforma del sistema de cumplimiento de condenas mediante la Sentencing Act 2026.

El objetivo no consistía en reducir las penas impuestas por los jueces.

Las condenas continúan siendo exactamente las mismas.

Lo que cambia es el momento en que determinados internos pueden abandonar físicamente la prisión para cumplir el resto de la condena bajo estrictas condiciones de libertad vigilada.

Esta diferencia resulta esencial para comprender el debate.

Salir antes de prisión no significa que la condena desaparezca.

La mayoría de los liberados continúan sometidos a controles judiciales, vigilancia electrónica, restricciones de movimientos y supervisión permanente. El incumplimiento de cualquiera de esas condiciones puede implicar el regreso inmediato a prisión para completar la pena pendiente.

No obstante, para numerosas víctimas y asociaciones de apoyo, esa diferencia jurídica resulta insuficiente cuando se trata de delitos especialmente graves, lo que ha convertido esta reforma en uno de los debates más sensibles de la política británica reciente.

¿Cómo funciona exactamente el plan de liberación anticipada?

Uno de los aspectos que más confusión ha generado es la idea de que los presos simplemente “salen antes de tiempo”. En realidad, el sistema diseñado por el Gobierno británico es bastante más complejo.

La Sentencing Act 2026 no elimina condenas ni reduce las penas impuestas por los jueces. Lo que modifica es el momento en que determinados reclusos pueden abandonar la prisión para cumplir el resto de la condena bajo un estricto régimen de libertad vigilada.

Hasta ahora, muchos presos con penas determinadas eran puestos en libertad automáticamente tras cumplir el 40 %, el 50 % o, en algunos casos, dos tercios de su condena, dependiendo del tipo de delito y de la legislación aplicable cuando fueron sentenciados.

Con la nueva normativa, algunos de esos internos podrán acceder antes a esa fase de supervisión comunitaria.

En términos generales, el nuevo modelo establece que:

  • Los condenados con penas determinadas cuya liberación automática se producía al cumplir el 40 % o el 50 % de la condena podrán ser puestos en libertad tras cumplir aproximadamente un tercio de la pena.
  • Aquellos cuya legislación preveía la salida tras cumplir dos tercios de la condena podrán hacerlo, como norma general, una vez cumplida la mitad.
  • La medida se aplicará de forma progresiva entre octubre de 2026 y junio de 2027 según la duración de las condenas.

Sin embargo, el Gobierno insiste en un aspecto fundamental: salir de prisión no significa recuperar la libertad plena.

Los reclusos permanecen cumpliendo condena bajo licencia (“on licence”), sometidos a un amplio conjunto de restricciones cuya vulneración puede suponer su regreso inmediato a prisión.

¿Qué presos quedan excluidos?

Precisamente este ha sido el gran cambio introducido por Andy Burnham tras llegar a Downing Street.

El plan original, aprobado durante el Gobierno de Keir Starmer para hacer frente a la saturación penitenciaria, provocó una fuerte reacción de asociaciones de víctimas, diputados de distintos partidos y organizaciones policiales.

Las críticas se centraban especialmente en que determinados delincuentes condenados por delitos sexuales muy graves podían beneficiarse de las nuevas reglas.

Tras ordenar una revisión urgente del sistema, Burnham anunció que quedarían excluidos:

  • condenados por violación;
  • autores de delitos sexuales graves contra menores;
  • responsables de redes de explotación sexual (“grooming gangs”);
  • delincuentes considerados por los tribunales como especialmente peligrosos;
  • condenados a cadena perpetua o penas indeterminadas.

En conjunto, el Ejecutivo calcula que más de 18.000 presos permanecerán completamente fuera del nuevo sistema de liberación anticipada.

Como consecuencia de estas modificaciones, el número de internos inicialmente previsto para beneficiarse del programa pasó de aproximadamente 6.000 a unos 5.000.

El propio primer ministro reconoció públicamente que le habría gustado ampliar todavía más la lista de exclusiones.

Sin embargo, aseguró que hacerlo habría supuesto volver a colocar al sistema penitenciario al borde del colapso en cuestión de meses.

Un endurecimiento fuera de prisión

La respuesta del Gobierno no se limita únicamente a decidir quién puede salir antes.

Consciente del rechazo que genera cualquier reducción del tiempo efectivo de prisión, el Ejecutivo pretende compensarlo reforzando de forma muy significativa el control posterior.

La filosofía que defiende el Ministerio de Justicia consiste en convertir parte de esa condena en una especie de “prisión fuera de la prisión”.

Entre las nuevas medidas anunciadas destacan:

  • seguimiento mediante dispositivos GPS;
  • vigilancia electrónica prácticamente en tiempo real;
  • zonas de exclusión que los condenados no podrán atravesar;
  • controles antidroga aleatorios;
  • restricciones para acudir a determinados establecimientos, eventos deportivos o conducir vehículos cuando así lo establezcan las autoridades;
  • supervisión reforzada por los servicios de probation.

En el caso específico de los condenados por violación o delitos sexuales graves que completen íntegramente su estancia en prisión, el Gobierno también ha anunciado un seguimiento mucho más intenso tras su salida, incluyendo monitorización GPS durante al menos doce meses y una vigilancia prioritaria por parte de los servicios especializados.

Al mismo tiempo, el Ejecutivo ha destinado nuevos fondos para reforzar los servicios de atención a las víctimas, crear una línea telefónica nacional específica e incrementar la información que reciben las personas afectadas antes de que un condenado recupere la libertad.

El caso que cambió el debate político

Aunque el problema de la capacidad penitenciaria llevaba años acumulándose, el debate cambió radicalmente cuando comenzaron a llegar cartas a las familias de algunas víctimas informando de que determinados condenados podrían beneficiarse del nuevo sistema.

Uno de los casos que más impacto provocó fue el asesinato del agente de policía Andrew Harper, fallecido en 2019 tras ser arrastrado varios cientos de metros por un vehículo cuyos ocupantes huían después de un robo.

Dos de los condenados por homicidio involuntario podrían acogerse a las nuevas reglas al tratarse de penas determinadas que no quedaron incluidas entre las nuevas exclusiones anunciadas por Burnham.

La reacción de la familia fue inmediata.

Su viuda, Lissie Harper, calificó la situación de “deplorable”, mientras que la madre del agente afirmó sentirse “devastada” al comprobar que debía volver a enfrentarse a un proceso que creía definitivamente cerrado.

Las críticas no procedieron únicamente de familiares de víctimas.

Diversos sindicatos penitenciarios alertaron de la enorme complejidad administrativa que supone recalcular miles de fechas de excarcelación después de modificar parcialmente el sistema apenas semanas antes de su entrada en vigor.

Los responsables de las prisiones también recordaron que conocer con precisión las fechas de salida resulta esencial para organizar programas de reinserción, buscar alojamiento para los internos y coordinar el trabajo con los servicios de probation.

Foto de Keir Starmer con Andy Burnham y Angela Rayner juntos

El primer gran desafío de Andy Burnham

Después de un inicio de mandato marcado por anuncios populares y medidas de impacto inmediato, la reforma penitenciaria ha colocado a Andy Burnham frente a una realidad habitual en cualquier gobierno: existen decisiones en las que prácticamente todas las opciones tienen un elevado coste político.

Por un lado, mantener el plan original suponía asumir un importante desgaste ante las víctimas y una parte significativa de la opinión pública.

Por otro, ampliar excesivamente las exclusiones podía devolver al sistema penitenciario al escenario que el propio Gobierno describe como una amenaza para el funcionamiento de toda la justicia penal.

El propio Burnham ha reconocido públicamente que esta ha sido una de las decisiones más difíciles desde que llegó al poder y que habría preferido excluir a un mayor número de delincuentes si las circunstancias del sistema penitenciario lo hubieran permitido.

En este sentido, el Ejecutivo sostiene que la verdadera solución pasa por una estrategia a largo plazo basada en la construcción de nuevas plazas penitenciarias, la reforma del sistema de cumplimiento de condenas y el fortalecimiento de los servicios de libertad vigilada.

Una crisis que trasciende a un solo Gobierno

La polémica sobre la liberación anticipada de presos refleja un problema mucho más profundo que una simple decisión política.

Durante décadas, distintos gobiernos endurecieron las penas, mientras el crecimiento de la infraestructura penitenciaria avanzaba a un ritmo muy inferior al aumento de la población reclusa.

El resultado es un sistema que funciona permanentemente cerca de su límite de capacidad y que obliga periódicamente a adoptar medidas extraordinarias para evitar su bloqueo.

Las reformas impulsadas primero por Keir Starmer y ahora modificadas por Andy Burnham buscan romper ese ciclo de medidas de emergencia. Sin embargo, numerosos expertos advierten de que, si la construcción de nuevas prisiones no logra acompasar el crecimiento de la población penitenciaria o si continúan aumentando las condenas de larga duración, el Reino Unido podría volver a enfrentarse a la misma disyuntiva dentro de pocos años.

Más allá del intenso debate político, el caso pone de manifiesto una cuestión de fondo que afecta a muchos sistemas penitenciarios occidentales: cómo equilibrar la protección de la sociedad, los derechos de las víctimas, la rehabilitación de los condenados y la capacidad real de unas infraestructuras que llevan años funcionando al límite.

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Por qué Reino Unido libera presos antes de cumplir toda su condena?

Porque las prisiones de Inglaterra y Gales se encuentran cerca de su capacidad máxima y el Gobierno considera que la liberación anticipada de determinados reclusos es necesaria para evitar el colapso del sistema penitenciario.

No. La mayoría continúa cumpliendo condena en libertad vigilada, bajo estrictas condiciones como control electrónico, restricciones de movimiento y supervisión por los servicios de probation.

Tras los cambios introducidos por Andy Burnham, quedan excluidos los condenados por violación, delitos sexuales graves contra menores, redes de explotación sexual, los delincuentes considerados más peligrosos y quienes cumplen cadena perpetua u otras penas indeterminadas.

Porque algunas víctimas consideran injusto que determinados delincuentes puedan salir antes de prisión, mientras que el Gobierno sostiene que ampliar las exclusiones pondría en riesgo el funcionamiento del sistema penitenciario.

El Gobierno defiende que forma parte de una reforma estructural acompañada por un ambicioso programa de construcción de nuevas prisiones, aunque numerosos expertos advierten de que el problema podría reaparecer si continúa creciendo la población reclusa sin aumentar suficientemente la capacidad del sistema.

Fuentes Noticias:

https://www.gov.uk/government/news/

https://www.bbc.com/news/articles/

Crédito Imágenes:

Prime Minsters Andy Burnham meets Ukrainian President Zelenskyy (55423459316), by Number 10 This file is licensed under the United Kingdom Open Government Licence v3.0 Wikimedia Commons: https://w.wiki/TFgQ

The Prime Minister Boris Johnson showing his support for England, by Number 10, Creative Commons Attribution 2.0 Generic license. Wikimedia Commons: https://w.wiki/RtSV

Prime Minister’s Questions, 7 February 2024, by © UK Parliament / Maria Unger Creative Commons Attribution 3.0 Unported license.Wikimedia Commons https://w.wiki/Lwxu

Prime Minister Keir Starmer visits Holy Trinity Primary School, by
Number 10
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